dissabte, 20 juny de 2009

"LA CUESTIÓN DE ORIENTE" EN EL SIGLO XIX.

Sin duda alguna la denominada "Cuestión de Oriente", es una de las más conflictivas en la política europea del siglo XIX, cuestión provocada por el renacimiento de los movimientos nacionalistas y, de forma especial, en los Balcanes. Todo este fenómeno fue propiciado por el gradual debilitamiento del antaño poderoso imperio otomano, por las nada disimuladas ambiciones imperialistas de Rusia, la cual, a la vez que favorecía el movimiento paneslavista en la Europa Central, reprimía ferozmente el movimiento patriótico polaco, y por la orientación más marcada de la política del imperio austríaco hacía el este de Europa a medida que el Sacro Imperio escapaba a su tutela. No hay que olvidar la sempiterna aspiración de los húngaros a su emancipación y su pretención de dominar sobre las otras etnias de su territorio histórico, ni se nos pueden escapar los intereses diplomáticos de Francia y Gran Bretaña, a menudo antagónicos, para ver claramente lo complicado de la situación


El imperio otomano y los nuevos estados surgidos de su disgregación

De entre todas las nacionalidades integradas en el imperio otomano, los serbios (bajo la dominación otomana desde 1389) fueron los primeros en levantarse contra la Sublime Puerta , la cual respondió con una implacable represión que conllevó a una revuelta generalizada al mando de Karagiorje en 1804, el cual contó con el apoyo ruso. Esta rebelión no fue sofocada hasta 1813, aunque renació con más ímpetu bajo la conducción de Milos Obrenovic, el cual consiguió el inesperado apoyo de Austria. Obrenovic logró arrebatar al sultán una amplia autonomía para Serbia así como la participación en la administración de justicia, el mantenimiento de una milicia y la convocatoria de una Asamblea Nacional, aunque Serbia seguía siendo una provincia otomana.

Rusia y Gran Bretaña apoyaron la insurrección helénica, más tardía que la Serbia, pero mucho más radical e inspirada en la revolución francesa, logro ser un modelo para el romanticismo europeo. El imperio otomano aún era poseedor de un importante poderío militar y así lo demostró contra los griegos, siendo necesaria la victoria naval anglofrancesa en Navarino y estando el ejercito ruso a las puertas de Istambul para lograr convencer al Sultán de otorgar y reconocer la autonomía griega en 1829.

Esta victoria helénica tuvo una repercusión inmediata en Rumanía, donde los principados de Valaquia y Moldavia obtuvieron simultáneamente la autonomía, mientras que el ejemplo de los serbios hizo aumentar la efervescencia patriótica entre los montenegrinos y los búlgaros; Montenegro fue conquistado por los turcos en 1499, pero una gran parte de sus inaccesibles montañas nunca fue sometida y desde allí los rebeldes montenegrinos atacaban las ciudades dominadas por los turcos. Desde este momento, los días de la dominación otomana en los Balcanes estaban contados.


Creación de los nuevos estados en los Balcanes: Grecia, Serbia, Montenegro, Rumania, Bulgaria y Albania

Este renacimiento de las nacionalidades no sacudió solamente al imperio otomano. El imperio de los Habsburgo hubiera podido muy bien, alejándose de sus intereses en Alemania, crear las bases de una federación multinacional danubiana, embrión de un imperio renovado: pero el conservadurismo de Metternich (como hemos visto en anteriores posts) malogró esta oportunidad histórica. Los checos (Bohemia) iniciaron su resurgimiento nacional; las minorías rumanas de Transilvania comenzaron a agitarse; los italianos de Milán y de Venecia no se resignaron a la dominación germánica de Austria, lo mismo que los polacos de Galitzia; también los croatas y los eslovenos empezaron a soñar con un estado eslavo independiente y en una posible unión con los serbios, a pesar de sus diferencias de religión y cultura.
En el seno de este movimiento centrifugo, el creciente nacionalismo húngaro tuvo efectos contradictorios. Los magiares querían también acabar con la germanización, pero sin renunciar a dominar las etnias vecinas. Éstas veían en ellos, por ser los más próximos, a sus más peligrosos enemigos. Esto explica que las tropas croatas combatieran al lado de los austríacos contra la revolución húngara de 1849, y también que la transformación del viejo imperio en la monarquía dual de Austria-Hungría, ocurrida tardíamente en 1867, no pudiera impedir que se precipitara la disgregación del imperio de los Habsburgo.


Europa en el año 1850


Rusia vio en los movimientos nacionalista un instrumento para sus propias ambiciones sobre la Sublime Puerta la posibilidad de conseguir el acceso de su armada a aguas libres de hielo todo el año. Mientras tanto, Austria, empujada por Prusia fuera de Alemania desde 1815, desarrolló un renovado papel en los Balcanes. Debido a su desconfianza del nacionalismo de los eslavos balcánicos, se convirtió en protectora del imperio otomano. Como respuesta, Rusia aumentó su apoyo a los enemigos de Austria y de los otomanos. Estos, a su vez, gozaban de la protección del principal enemigo de Rusia, Gran Bretaña, a la cual se sumó Francia a principios de 1850.
Después de una disputa sobre los Santos Lugares de Palestina, el 21 de junio de 1853 Rusia ocupó los principados de Valaquia y de Moldavia como "garantía material" de concesiones a sus "justas exigencias" en Palestina. El 4 de octubre de ese mismo año el imperio otomano declaró la guerra a Rusia, como lo hicieron más tarde Gran Bretaña y Francia, que creyeron que la integridad del imperio otomano estaba en juego. Austria permaneció neutral, perjudicando de ese modo a Rusia. Las fuerza rusas sufrieron un gran desgaste en Crimea hasta la muerte del zar Nicolás I en febrero de 1855 y su sucesor, Alejandro II, negoció la paz.
El resultado de esta guerra de Crimea frenó las ambiciones de Rusia sobre los Balcanes y puso fin al dominio ruso en el sudeste europeo. El tratado de París de 1856 abrió el Danubio a la navegación internacional y aseguró la neutralidad del Mar Negro. La integridad territorial del imperio otomano y su independencia quedaron garantizadas, asi como las libertades serbias. La elección del boyardo moldavo Alejandro Juan Cuza (1820-1873) en 1859 como principe de Moldavia y de Valaquia preparó la unificación de ambos principados en Rumania, cuya independencia formal fue alcanzada en 1878. Sin embargo, el imperio otomano continuó su decadencia hasta 1914.


Abdülmecit I, sultán otomano de 1839 a 1861

3 comentaris:

la marquise ha dit...

Parece que cuando llega el calorcito todo se abandona, menos mal que aún sigues escribiendo. Oriente, según he leido, tenía una concepción distinta a la de hoy en día en el siglo 19. Pero los problemas se repiten y los protagonistas son los mismos. Interesante e instructivo.

Saskia Punica ha dit...

¿Por qué aparece en su post escrito "imperio otomano" con minúsculas y "Santos Lugares" con mayúsculas?

Anònim ha dit...

De Hugo:

Me ha gustado mucho este post. Por lo que veo Serbia no fue una región, si acaso lo fue, hasta por lo menos pasado el 1850 del imperio austro hungaro.
Que yo sepa, la guerra del 14 se origino por el asesinato de Maximiliano por un independentista serbio. Madre mia , que animados gan sido los ultimos 200 años.

Prometo leer más. Un saludo