dilluns, 4 de juliol del 2011

UN DÍA TRISTE. MUERE OTTO DE HABSBURG

Hoy hasta parece que los ángeles han sumado sus llantos por la muerte de S.I y R Otto de Habsburgo, que ha fallecido hoy lunes a la edad de 98 años. Con su muerte se desvanece el último hilo conductor que unía al extinto imperio Austro-Húngaro con la realidad. A partir de hoy el imperio está definitivamente enterrado.

Os copio la noticia que ha aparecido hoy mismo en el periodico.com:


Fallece Otto de Habsburgo, el heredero del último emperador austrohúngaro

El fallecido fue un convencido europeísta y ocupó un escaño del Parlamento Europeo en representación de la CSU

Lunes, 4 de julio del 2011 - 10:40h. Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
EFE / Berlín

Otto de Habsburgo, primogénito del último emperador austrohúngaro y apasionado europeísta, ha fallecido este lunes a los 98 años en su residencia privada en la pequeña localidad de Pöcking, junto al lago de Starnberg, en el sur de Alemania. Un portavoz familiar ha confirmado a varios medios germanos la muerte de forma natural del que fuera durante muchos años miembro del Parlamento europeo y luchador por superar las diferencias Este-Oeste durante la guerra fría.

Otto de Habsburgo, durante una ceremonia en Viena, el 10 de marzo del 2008. ROBERT JAEGER | EFE

Hijo del emperador Carlos I de Austria-Hungría y de la emperatriz Zita, tuvo que exiliarse con su familia al término de la primera guerra mundial, cuando el imperio centroeuropeo se disolvió y tanto Austria como Hungría se convirtieron en sendas repúblicas. Tras la muerte de su padre, la familia se exilió en la localidad vasca de Lekeitio, donde Otto de Habsburgo hizo el bachillerato y donde inició una estrecha relación con España.

Impulsor de la caída del muro

Opositor al nacionalsocialismo y contrario a la anexión de Austria al III Reich de Adolf Hitler, Otto de Habsburgo tuvo siempre una gran actividad política, en la que defendió la unión del viejo continente. Fue miembro de la Unión Socialcristiana (CSU) de Baviera, formación que representó en el Parlamento Europeo, y fundador de la Unión Paneuropea, con la que contribuyó a la caída del telón de acero en el verano de 1989.

Casado con la princesa Regina de Sajonia Meiningen, fallecida el pasado año, Otto von Habsburg deja siete hijos, 22 nietos y varios biznietos.


divendres, 22 d’abril del 2011

PRUSIA, EN LOS CONFINES DEL SACRO IMPERIO

Federico I, primer rey de Prusia

En las épocas del resurgimiento de Rusia, un nuevo estado se estaba formando en los confines del Sacro Imperio: Brandemburgo-Prusia. El principe elector Federico Guillermo (1640-1688) abonó el terreno, siguiendo el modelo francés, al modernizar la administración, crear un ejército permanete y dando una orientación mercantilista a la política económica. Su hijo, Federico II, logrará del emperador del Sacro Imperio la dignidad real y en 1701 es coronado rey de Prusia con el nombre de Federico I (seguirá siendo principe elector de Brandemburgo y, ahora, rey de Prusia, al estar este territorio fuera de los limites del imperio, ya que dentro del mismo sólo puede haber una dignidad real: el emperador).
A pesar de la nueva dignidad para Prusia, este sigue siendo un país atrasado, igual que Rusia, en el que los campesinos eran propiedad de los grandes señores sometidos a las continuas vejaciones de los arrogantes terratenientes. Por esta misma razón, igual que en Rusia, la modernización se introduce por la vía de la militarización. Con la única diferencia de que en la Prusia protestante la obediencia ciega era idealizada como cumplimiento del deber y se la consideraba un mérito.
Así, el padre de la patria prusiana, Federico Guillermo I, fue un modernizador tan brutal como su homolólgo Pedro el Grande de Rusia; a Federico se la llamó "Rey Sargento". Así el rey prusiano era una combinación entre un maestro y un soldado con su eterno compañero: su bastón, con el cual golpeaba a todo aquel que le disgustaba; un bastón que era, a la vez, símbolo de las dos instituciones sobre las que construyó la grandeza de Prusia: la escuela y el ejército. En 1722, antes que ningún otro país, Prusia implantó la enseñanza obligatoria, que exigía a cada comunidad tener y mantener su propia escuela. Una generación después, Prusia había superado al resto de países europeos en materia de enseñanza general.
Pero la auténtica procupación del rey era la formación del ejército, por lo que dos tercios del presupuesto estatal se dedicaron a tal fin. Los nobles fueron obligados a seguir una carrera militar y a someterse a una despiadada instrucción. Gracias a ella, la caballería, la artillería y la infantería adquirieron una capacidad de acción que ningún otro país podía igualar. Por otra parte, el rey sentía debilidad por los tipos altos, que coleccionaba (igual que Pedro el grande cleccionaba enanos); el resto de sus necesidades las satisfacía divirtiéndose en la sal de fumaodres, donde gastaba grandes bromas, como cuando ató un filósofo a la espalda de un oso. En una palabra: era un perfecto bromista, al que su hojo no se parecerá en nada.
Así aparece en escena Federico II, llamado "el Grande". El simple hecho de haberse opuesto al militarismo de su padre lo convierte ya en una figura importante. Para aquél, el ideal educativo era un tipo de soberano que combinara las vitudes de un comisario pedante y parco en palabras con la sensibilidad de unas botas militares; pero le salió un hijo que amaba las artes y la literatura, se rizaba los cabellos, hablaba francés en vez del basto alemán propio de un soldado, bromeaba sobre la religión, mantenía extrañas relaciones de amistad con el capitán Katte y el subteniente Keith y tocaba la flauta. Su padre veia en él a una persona demasiada blanda para gobernar Prusia. Cuando una vez pilló al futuro Federico II leyendo poesías en secreto, le dio con la muleta, y en otra ocasión intentó estrangularlo con el cordón de la cortina. Federico se disponía a fugarse a Inglaterra con su amigo Katte, pero los pescaron. El rey ordenó hacerles un juicio sumarísimo y condenarlos a muerte -en eso también se parecía a Pedro el Grande-. Si el rey perdonó la vida a su hijo fue por consideración a los otros principes europeos; a cambio Federico tuvo que presenciar la ejecución de su amigo Katte y después fue encarcelado. Cuando el padre consideró que su hijo ya se había curtido lo suficiente, le hizo estudiar economía y administración de Prusia y le asestó un nuevo golpe casándolo con Isabel Cristina de Brunswick. El príncipe heredero se atrincheró en Rheinsberg y comenzó su correspondencia con Voltaire, que se prolongó durante más de cuarenta años. Se hizo francmasón, alabó las excelencias de la Constitución inglesa y escribio el "Antimaquiavelo". En 1740, cuando relevó a su padre, el mundo pudo saludar a un filósofo en el trono real: la ilustración había arraigado en el corazón del príncipe.
Federico II, rey de Prusia y principe elector de Brandemburgo

El primer día de su reinado suprimió la tortura; a continuación declaró la libertad de culto y de prensa, y colocó a un librepensador al frente de la "Academia de las Ciencias" de Berlín, a la que convirtió en una de las mejores academias de Europa. Pero después decepcionó al mundo iniciando una guerra por una nadería y arrebatando Silisia a la amable María Teresa de Austria. La emperatriz se negó firmemente a reconocer esta conquista, por lo que dispuso una alianza con Rusia y Francia. Adelantándose a ella, Federico da incio en 1756 a la guerra de los Siete Años. Por vez primera, el mundo comprobó asombrado que detrás de los bosques de la Marca de Brandemburgo había ido creciando algo nuevo: Prusia, un ejército con un Estado como simple apéndice. A las órdenes del joven general Federico y mantenido únicamente por el dinero que llegaba de Inglaterra, este ejército se dirigió contra los ejércitos de las tres grandes potencias aliadas, a los que logró poner en jaque tras gloriosas victorias y aplastantes derrotas. Ciertamente, Federico hablaba francés, pero hizo que todo su pueblo, que ya se había acostumbrado a la impotencia del Imperio, sintiera que por fin había alguien capaz de mostrar a los demás quiénes eran los alemanes. Federic acabó quedándose con Silesia, y la provincia, que era medio protestante, se hizo prusiana. Gracias a los nuevos recuros y a la superioridad de su ejército, Prusia se convirtió en una gran potencia. La más pequeña de todas ellas, ciertamente, pero una gran potencia en el seno de lo que entonces se llamaba el concierto de los poderes europeos: Francia, Inglaterra, Austria, Rusia y Prusia. Y aguantando como lo hizo en la guerra de los Siete Años, Federico ayudó a Inglaterra, su aliada, a vencer a Francia en la guerra que ambos países mantuvieron por el dominio de las colonias de ultramar.

Voltaire en la corte real prusiana, en el palacio de Sans Souci

dissabte, 6 de novembre del 2010

EL CAMINO HACIA LA CREACIÓN DEL ESTADO MODERNO

Tras la Edad Media empezó la transformación del concepto de estado. En la época del rey Felipe II de España, los principes (al igual que pasaba con los antiguos principes medievales), no tenía una capital propiamente dicha, salvo en los casos de los microestados, aunque, de todas maneras, algunas ciudades como Londres, Paría, Valladolid (y luego Madrid), Cracovia o Moscú, constituían residencias privilegiadas de la corte. El principe iba de ciudad en ciudad, de castillo en castillo, y siempre en medio de un extraordinario despliegue de carrozas, carros, mulas, caballos, ...., ya que tenía que trasportar al personal, el mobiliario, los tapices, las cuadras, el guardarropa y los alimentos. Sin embargo, a comienzos del siglo XVI se planteó una fórmla con futuro al construirse una ciudad que serviría de capital en torno a un castillo principesco: en Vigevano, no lejos de Milán, Ludovico el Moro levantó un conjunto arquitectónico de planta radiocéntrica dominado por un castillo y una plaza cuyas perspectivas, construidas y acabadas según el orden clásico, ponían de relieve la voluntad de edificar, bajo la dirección de Leonardo y de Bramante, un marco que fuese digno del poder.


Plaza de Vigevano

La llegada del principe a una ciudad o a un castillo daba lugar a grandes manifestaciones, presididas por un escenario recargado de símbolos pintados o esculpidos colocados en estrados, arcos de triunfo o carros. A veces, desempeñaban el mismo papel los cuadros vivientes, como en Munich, en 1530, donde se representaron las desgracias de la guerra. El discurso de esta simbología a menudo parece ambivalente. Así, cuando Carlos V entro en Brujas o en Bolonia se festejó al visistante, su dignidad imperial y su vocación misional, al tiempo que se recordaba (en Bolonia) la superioridad del Papa y la necesidad de la unión par la reforma de la Iglesia, o se apelaba (en Brujas) a su protección contra los ciudadanos de Amberes.
La llegada del principe también era una ocasión de movilizar al pueblo y de impresionar favorablemente al visietante y a su cortejo. Así, se explica la importancia que se atribuía a la protección de los cuerpos constituidos, a las danzas locales o exóticas, a los combates simulados, a las naumaquías (en Francia o Italia), a los torneos y a los bailes. El conjunto podía quedar sazonado con distracciones más típicas, como las corridas de toros que presenció el joven Carlos de Gante en España o, a finales de siglo, los fuegos artificiales.

Felipe II de España

Espectáculo familiar durante mucho tiempo en los Países Bajos, pero implantado muy tardíamente en España, la entrada real se convertiría, más o menos en todas partes, en una ceremonia afectada para uso de los notables en la que el príncipe, abandonando su caballo, aparecería aislado en una magnífica carroza.
Muy pronto la corte tendió a fomentar este aislamiento, aunque el palacio del príncipe siguió siendo de fácil acceso. Detrás del suntuoso decorado de los tapices, de las preciosas telas, de los vestidos y aderezos rutilantes, y de las fiestas con bailes, festines y torneos, se escondía una rígida etiqueta, tal como la codificaría, en 1528, Baldassare Castiglione. Invariablemente, la jornada de los monarcas como un Francisco I o un Carlos IX comprendía la ceremonia del despertar, una misa, una comida de etiqueta, una visita a la reina, un paseo o una partida de caza por la tarde, dos audiencias y dos bailes nocturnos semanales, así como algunas horas de trabajo por las mañanas.
La corte venía a ser la misa mayor de la monarquía. El príncipe era su dios y su oficiante, y los grandes funcionarios eraan los acólitos. Versado en lenguas antiguas y modernas, hermoso, generoso, con discreción, elocuente, galante, entregado a la música como Enrique VIII de Inglaterra, al mecenazgo como Francisco I de Francia o a las actividades físicas, el soberano animaba el pequeño mundo cortesano rodeado de su familia, que la muerte reducía con facilidad, de sus confidentes y de sus amantes.

Enrique VIII de Inglaterra


La mujer, en efecto, desempeñaba un importante papel en aquella época. Podía figurar en el centgro de oscuras y sangrientas intrigas, como en la corte de Francisco de Médicis (1574-1587), en una atmósfera de amor y de muerte. Pero la principal figura femenina era la reina, a la que se exigían herederos varones -trágica obseción de Enrique VIII-, así como la asistencia a su esposo en sus funciones representativas, al tiempo que se erigia en centro de un brillante círculo de damas de honor y caballeros, a imagen de una Beatriz de Este. También podía convertirse en una reina madre que lo controlara todo, como Catalina de Médicis o la rapaz y rencorosa Luisa de Saboya. Hermana o pariente, en algunos casos se les confiaban funciones importantes, como a Margarita de Austria, María de Hungría y Margarita de Parma en los Países Bajos.
Las rivalidades de clanes, clientelas y linajes se manifestaban claramente con motivo de los cambios de orientación política, que se traducían en la renovación del personal que rodeaba al príncipe. En la corte de los primeros Tudor estas rivalidades tuvieron en muchos casos consecuencias mortales.



Beatriz de Este, condesa de Milán

divendres, 11 de juny del 2010

RUSIA Y SUS CATALINAS

La zarina Catalina I de todas las Rusias

Una joven Catalina II

¿Qué podemos contar de la zarina Catalina II que no sepamos?, practicamente nada, además en cualquier biografía podemos encontrar los datos relativos a una gran estadista. Pero de Catalina I, si buscamos en nuestra memoria ¿nos acordamos de ella?, seguramente no. Así que me limitaré a dar una breve pincelada de las Catalinas que dejaron huella en Rusia y de su entorno, para familiarizarnos con su figura. Pero lo que es innegable es que si bien un hombre puede ser excepcional, cuando una mujer es excepcional supera todos los límites y destaca con brillo propio, como ocurrió con Catalina I y Catalina II.
Para saber como llegó Catalina II al trono ruso, tenemos que buscar en los acontecimientos previos.



Catalina II con los atributos y emblemas imperiales

Deberemos remontarnos a la primera de las Catalinas, Catalina I, que fue criada en la ciudad de Mariemburgo, siendo sirvienta de un pastor luterano llamado Glück. Como era habitual en esas épocas, la ciudad fue tomada y Catalina devino una "concubina". Podríamos decir que Catalina uso sus dotes de seducción y uso como escalera de ascenso las camas de los comandantes rusos, hasta que logró llegar al lecho del mismísimo zar Pedro el Grande. Llego un momento en que el zar no pudo prescindir de Catalina, que competió su cama de campaña sin queja alguna, sabiendo como tranquilizarlo cuando las convulsiones se apoderaban de él y sabiendo animarlo cuando se sentía triste. Al final, el zar se casó con Catalina en el año 1712 y en el 1724 la coronó zarina. De este modo consiguió lo que ya había conseguido en su tiempo Teodora, la esposa de Justiniano I del Imperio Bizantino : ascender de prostituta a emperatriz.

Tras la muerte del zar, Catalina supo apartar del trono a los sucesores legítimos del zar y logró convertirse en la emperatriz reinante de Rusia. De este modo aseguró el trono a su hija Isabel, después de que su predecesora, la zarina Ana, lo dejara vacío. Isabel estaría implicada en la guerra de los Siete Años, y puso en más de un aprieto a Federico II de Prusia. La zarina Isabel nombró como heredero imperial al inepto nieto de Pedro el Grande, el futuro Pedro III. Pero para enmendar dicho error le buscó una mujer excepcional: Sofía de Anhalt-Zerbst, una princesa alemana de bajo rango, que sería la futura Catalina II. En medio de los caos de revueltas palaciegas y consagraciones, finalmente se acabó con la vida del poco brillante Pedro III y de este modo Sofía se convirtió en Catalina II, la zarina de todos los rusos (1762-1796), la Grande.


Catalina II en abrigo de paseo

Para fortalecer su precaria posición (Catalina II no era rusa de nacimiento), empleo sus mejores armas: su gran inteligencia y su gran poder de seducción. Catalina II se aseguró la lealtad de sus sucesivos ministros sacrificando su castidad en el altar de la política. En otras palabras, sus ministros fueron también sus amantes y viceversa. Entre sus favoritos estaba el príncipe Potemkin, famoso por crear los pueblos irreales, compuestos únicamente de fachadas, con los que lograba embaucar a la zarina.
Catalina II fue una monarca ilustrada que llegó a mantener correspondencia con Voltaire y con casi todos los filósofos de la ilustración. Desde el punto de vista político, continuó las reformas de Pedro el Grande: puso la jurisdicción sobre la servidumbre en manos de los jueces, arrebatándosela a los señores; suprimió la tortura y afianzó la tolerancia religiosa; sometió la Iglesia ortodoxa al Estado y fomentó la educación con la creación de escuelas y academias, aunque la Iglesia volvió a frenar su desarrollo; tampoco se olvido de la mujer, pues ella era mujer, y fundó escuelas para niñas: también creó hospitales, mejoró la sanidad y demostró la inocuidad de las vacunas, siendo la segunda rusa que se vacunó contra la viruela.

Si bien su favoritismo fortaleció los privilegios de la nobleza, la zarina continuó impulsando la política industrial de Pedro el Grande. Y entre tanta actividad aún encontraría tiempo para componer óperas, escribir poemas, dramas, cuentos, tratados y libros de memorias. También editó una revista satírica anónima, en la que colaboró regularmente, y escribió una historia de los emperadores romanos. Catalina II ha sido, sin duda alguna, una de las soberanas más excepcionales que jamás hayan subido a un trono.

Catalina II en su madurez

diumenge, 18 d’abril del 2010

UNA FECHA PARA RECORDAR


El año 1000. Incluso en nuestros días aún ha sobrevivido la leyenda del "terror del año mil", ya que mucha gente esperaba el fin del mundo debido a una lectura estricta de las sagradas escrituras. De todas maneras conviene no olvidar que en la época que culminó en esta fecha nos encontramos en un marco de disturbios políticos y sociales considerables. Al sur y al sureste, el antaño homogeneo mundo islámico se descompone en tres califatos: el abasí de Bagdad, el fatimí de El Cairo y el omeya de Córdoba. Los territorios musulmanes son incapaces de contener el avance cristiano en la península ibérica (a pesar de las victorias de Almanzor) y en el Mediterráneo oriental, donde los bizantinos reconquistan Creta y Chipre. Los otros dos conjuntos conjuntos que son herencia del Imperio Romano tendrán un destino diferente: En los confines de Europa y Asía el Imperio Bizantino elimina el Imperio Búlgaro instaurado dentro de sus fronteras (1001-1008), mientras extiende su influencia sobre los eslavos orientales, en particular sobro los de Kiev, cuyo principado se expandirá progresivamente hasta adquirir las dimensiones de la futura Rusia europea. Por su parte, y a causa del desmembramiento del Imperio Carolingio (que dejará el estado a merced del juego de ambiciones rivales entre aristocracias y monarquías), el Occidente cristiano se disocia en principados ya feudales sin que por ello desaparezca el proyecto de unidad. La realidad de este proyecto queda reafirmada a partir del año 962, con la restauración del Imperio Romano, llamado a partir de ahora "Sacro Imperio romano-germánico", a favor del rey de Germania Otón I, mientras se van afirmando los particularismos nacionales franceses, polacos y húngaros, mediante la coronación de Hugo I Capeto, la creación de arzobispado de Gniezno en el año 1000 y la entronización de Esteban I aquel mismo año respectivamente. De este modo, se van a configurar pueblos y estados con unos limites territoriales que, mil años más tarde, siguen siendo aproximadamente los mismos.

diumenge, 21 de febrer del 2010

REGINA DE HABSBURGO


Regina y Otto de Habsburgo

Este mes de febrero nos sorprendió con la muerte de Regina de Habsburgo, la esposa de Otto de Habsburgo, primogenito del emperador Carlos y de Zita.
Regina Elena Isabel Margarita de Sajonia-Meiningen nació el 6 de enero de 1925 en Würzburg, hija del duque Jorge III de Sajonia-Meiningen y de la condesa Maria Klara Genmant Korff Schmissing-Kerssenbrock. Fue la menor de cuatro hermanos. Su hermano mayor, Änton Ulrich, murió a los 20 años en una acción bélica durante la II Guerra Mundial, su otro hermano,Frederick Alfred, hizo votos e ingreso en la orden de los cartujos y su hermana María Isabel murió tres meses antes de nacer Regina. Su padre, el duque Jorge, fue hecho prisionero por los rusos, muriendo en un campo de prisioneros ruso en Chernopevetz en 1946.
Las dolorosas pérdidas de estos seres queridos y su vocación por el trabajo social, llevaron a Regina a oponerse a cualquier forma de totalitarismo y empezó a trabajar para Cáritas en Munich, cuidando a refugiados. De esta manera conoció al archiduque Otto, que en 1949, fue a visitar a los refugiados húngaros. Regina se comprometó con Otto al años siguiente de conocerse y en 1951 se casaron en la Église de les Cordeliers en Nancy (Francia), pues no hay que olvidar que la dinastía Habsburgo fue Habsburgo-Lorena tras María Teresa de Austria, contando con la bendición del Papa Pió XII.
Desde su matrimonio, Regina usó el nombre de "Regina, princesa heredera de Austria-Hungría" o, simplemente "Regina von Habsburg", y se instaló en Villa Austria, también conocida como Kaiserville (la Villa del emperador) en Pöcking (Baviera), cerca del lago Starnmberg, donde residió hasta su muerte.
El 2 de diciembre de 2005 sufrió una lesión cerebral y fue trasladada a un hospital en Nancy. El 22 de febrero de 2006 estaba lo suficientemente recuperada como para asistir y participar en el traslado de los restos mortales de su madre y de su hermano Anton Ulrich a la cripta de Holdburg (en Hildburghausen); también asistió al traslado de los restos de su padre, el duque Jorge, desde Rusia hasta la Cripta familiar en la primavera de 2007. En 2008 también asistió a la boda de su nieto.
Regina fue una enamorada de la idea de una Europa unida y ayudó a su marido en su carrera política, que lo llevó a ser miembro del Parlamento Europeo durante 20 años.
Entre los honores que recibió Regina durante su vida figuran el de Gran Señora de la Orden de Elisabeth o el de Protectora de la Orden de la Cruz Estrellada.
Finalmente, el corazón de Regina dejó de latir el 3 de febrero de 2010.

diumenge, 10 de gener del 2010

LA REVOLUCIÓN DE 1848 EN ITALIA: LA ESPERANZA DEFRAUDADA


Mapa de Italia y su proceso de reunificación

Uno de los nombres románticos que se le dió a la revolución de 1848 fue el de "la primavera de los pueblos", y esta "tumultuosa primavera" presentó, en Italia, una fisonomía peculiar. En primer lugar, a causa de la duración de los acontecimientos que estallaron en el verano de 1846 y no se extinguirían (último foco de toda Europa) hasta finales de agosto de 1849. Además, porque se mezclaban diveros hechos: reivindicaciones políticas propiamente italianas, a través de las cuales la burguesía liberal trataba de derribar a los regímenes absolutistas en beneficio propio; interferencia de la revolución francesa y, sobre todo, de la austríaca; agitaciones sociales surgidas en un ambiente de profunda depresión económica; y, por último, dos guerras de independencia contra Austria, que provocaron una crisis internacional.
Bajo la presión de los liberales, una oleada de reformismo institucional y jurídico atravesó la península italiana de julio de 1846 a octubre de 1847. Pio IX (el Papa de Roma) concedió una amnistía, libertad de prensa y una asamblea representativa (la Consulta), Leopoldo II en Florencia y Carlos Alberti I en Turín moderaron el absolutismo.
Se instauraron gobiernos insurreccionales en Parma, Módena y en Reggio Emilia, y Venecia se sublevó bajo la dirección de Daniele Manin. En Milán, después de la revuelta de las "cinque giornate", del 18 al 23 de marzo, las fuerzas austríacas de Radetzky hubieron de evacuar la capital lombarda. El 8 de febrero, la burguesia y la aristocracia liberales de Turín consiguieron de Carlos Alberto una constitución parlamentaria (llamada "el estatuto fundamental") el 4 de marzo, así como la adopción de la bandera tricolor italiana: verde, blanca y roja. Otros regímenes, inspirados en la Carta francesa de 1830, se intalaron en Florencia el 7 de febrero, en Náples el 5 de marzo y en Roma el 14 de marzo.



El Mariscal austríaco Joseph Radetzky


En medio de esta efervescencia se desarrolló la primera guera de independencia. Carlos Alberto se puso a la cabeza de la "riscosa" (redención) patriótica, rehusando la ayuda de la II República francesa y reservando exclusivamente a los italianos la tarea de la redención nacional: "L´Italia fará da sé" ("Italia lo hará por sí misma"). La campaña tuvo unos comienzos confusos. El rey de Cerdeña, soberano romántico y vacilante, perseguía a la vez el cumplimiento de lo que creía sus destino personal y la política tradicional de su dinastía de expansión territorial a expensas de Austria. Era al mismo tiempo jefe y rehén de la cruzada que encabezaba, que movilizaba a contingentes de todos los estados de la Península, dentro de la Liga nacional italiana. La ofensiva empezó el 29 de marzo y obtuvo diversos triunfos hasta principios de julio, a causa del debilitamiento de las fuerzas austríacas, ocupadas en la represión en Viena. Una serie de victorias (las de Goito, Valeggio, Monzambano y Pastrengo) condujeron a los italianos a la frontera de Venecia. Pero la coalición se resquebrajó rápidamente. Pio IX, aterrado por el movimiento revolucionario y antiaustríaco, evolucionó hacia una actitud conservadora y reaccionaria, que ya no abandonaría, y se declaró fuera del conflicto en virtud de su misión de pastor de la Iglesia universal. En Nápoles, Fernando II restó efectividad a la constitución y retiró sus tropas de Lombardía para aplastar duramente la rebelión de Sicilia. La Alemania liberal se mantenía indiferente a la independencia italiana, y en Paría, Lamartine se abstenía de cualquier intervención.
En abril, la misión inglesa que pretendía favorecer un reino de la Alta Italia separado de Austria, fracasó. Mientras llegaban refuerzos liberados por el reflujo de las revoluciones austríacas. Carlos Alberto logró sus últimas victorias, a finales de mayo, en Curtatone, Montanara y Goito.


Alphonse de Lamartine, ministro de Asuntos Exteriores de Francia


Pese a la oposición de federalista y republicanos, el reino Cerdeña-Piamonte se anexionó, por medio de un plebiscito, Lombardía y los ducados (29 de mayo) y Venecia (4 de junio y 3 de julio). Pero el general austríaco Radetzky reconquistó Venecia y derrotó a Carlos Alberto en Custozza (23 a 27 de julio). Los italianos retrocedieron hasta Milán, cuya población acusó al rey de Cerdeña de traición. El 9 de agosto el general Salasco firmó la paz con Austria.
Todavía se prolongaría un año más el movimiento nacional italiano, pero en medio de una creciente confusión. A partir del verano de 1848, la reacción recuperó el control de la situación en toda Europa, mientras que la península italiana, cuya economía y finanzas públicas atravesaban una crisis catastrófica, vivió, a contracorriente de los demás países, unas experiencias de democracia avanzada. Surgieron violentos movimientos debidos al descontento de las clases pobres, concienciadas por la propaganda socialista.
En Roma, Pio IX confió el poder al economista liberal Pellegrino Rossi, que fue asesinado el 15 de noviembre de 1848. A continuación nombró a un gabinete de izquierdas, pero acabó huyendo clandestinamente a Gaeta el 24 de noviembre para ponerse bajo la protección del rey de las Dos Sicilias. Se formó entonces un gobierno provisional, que convocó una asamblea constituyente: ésta proclamó la República romana el 5 de febrero de 1849.
En Florencia los demócratas tomaron el poder el 27 de octubre y reclamaron la unión a la asamblea constituyente romana. El gran duque abandonó Toscana el 27 de febrero de 1849, y el triunvirato formado por Montenelli, Guerrazzi y Mazzoni proclamó la República.
Entre tano, en el reino de Cerdeña-Piamonte se llevaba a cab o el aprendizaje de la monarquía parlamentaria en medio de violentas polémicas sobe la conducción de la guerrra y de exacerbados enfrentamientos políticos. Tres gobiernos se sucedieron entre mayo y diciembre de 1848. Saboya reclamó su anexión a Francia, y la antigua república de Génova, incorporada en 1815, se sublevó.
El 16 de diciembre, Carlos Alberto I llamó a Gioberti y a la izquierda; pero las elecciones del 22 de enero de 149, que acentuaron la preponderancia de los demócratas avanzados, desbordaron al gobierno. El 21 de febrero Gioberti dimitió y se retiró a París.



Batalla de Novara, donde las fuerzas austríacas derrotaron a las piamontesas

La extrema izquierda, arrastrada por Urbano Rattazzi, impulsaba la reanudación de la guerra. El rey, investido de plenos poderes, denunció el armistició el 14 de marzo. El ejército sardo, desmoralizado y desorganizado, fue aplastado por los austríacos el día 23, en Novara, alcabo de sólo seis días de campaña. Carlos Alberto abdicó esa misma noche, en el campo de batalla, a favor de su hijo Victor Manuel II y se retiró a Portugal, donde murió en Oporto el 28 de julio. El armisticio impuso al Piamonte una indemnización de setenta y cinco millones, saldada con la ocupación de la plaza ferte de Alessandria.
Acto seguido, la reacción se desencadenó en toda Italia. En Florencia el gran duque rehusó la colaboración con los moderados recurrió a los austríacos, quienes lo restablecieron en su trono el 25 de mayo. Durante la primera quincena de mayo fue aplastada la insurrección de Sicilia. En Roma el triunvirato Mazzini-Armellini-Saffi decidió acudir en defensa de los liberales de toda la Península, y Giuseppe Garibaldi organizó la defensa militar de la República, peo Luis Napoleón Bonaparte, presidente de la República francesa, envió un cuerpo expedicionario de treinta mil hombres para congraciarse con los católicos. Al cabo de un mes de asedio (del 4 de junio al 4 de julio) la Ciudad Eterna cayó y los patriotas se dispersaron. En Venecia, Manin se hizo fuerte y no capituló hsta el 26 de agosto.
Los franceses dejaron una guarnición en Roma, donde Pio IX no volvió a entrar hasta el 12 de abril de 1850. Los austríacos ocuparon de nuevo las legaciones pontificias y los ducados (Parma, Módena y Toscana). En todas partes, menos en Turín, se restauró la monarquía absoluta y los soberanos ejercieron una rigurosa represión, que provocó la partida de numerosos proscritos. Sólo Cerdeña-Piamonte conservó su constitución, y se constituyó en esperanza de los patriotas italianos.


Escudo del reino de Cerdeña-Piamonte

diumenge, 20 de desembre del 2009

LAS REVOLUCIONES EUROPEAS DE 1848

Europa en la época revolucionaria de 1848


En una época que fue, de por sí, revolucionaria, 1848 fue un año especialmente significativo. Francia, Italia y Europa Central fueron sacudidas por la insurrección. Pero, contrariamente a lo que entonces se pensó, ésta no obedeció a un plan general, y la falta de coordinación resultó fatal para los revolucionrios.
En toda Europa Occidental los levantamientos de debieron a causas similares. La Revolución industrial había dislocado las formas tradicionales de vida y provocado la aparición del proletario urbano y el ascenso de la burguesía liberal, deseosa de conseguir el poder político. Además de la inestabilidad social y económica, la existencia de gobiernos autocráticos, legado de los acuerdos del Congreso de Viena, agravó la situación y avivó la lucha de los intelectuales por la reforma política. El hambre empezó a hacer estragos después de las malas cosechas de cereales de 1845, 1846 y 1847, y de una plaga de pulgón que devastó las plantaciones de patatas. Una muchedumbre desesperada se lanzó a las calles dispuesta a cualquier cambio que ofreciera esperanzas.
Los centros de las revueltas fueron las grandes ciudades. La Revolución industrial habia empujado a miles de personas a las ciudades, donde les esperaba una vida de miseria y degradación. La segunda crisis de 1848, con el hundimiento de los créditos internacionales, que llevaron a la ruina y al desempleo general, agravó aún más la situación. Por último, una epidemia de cólera sembró el pánico y la ira, y sirvió de catalizador psicológico de la agitación revolucionaria.

Luis Felipe, rey de los franceses


Las primeras revueltas estallaron en Italia. En Francia, el rey Luis Felipe se vio obligado a abdicar en febrero y se proclamó la República. En marzo, la caída del apóstol del orden europeo, el príncipe Metternich, canciller del Imperio de los Habsburgo, elevó la moral de los revolucionarios. Tomados por sorpresa y desbordados por los disturbios, los gobiernos no supieron reaccionar. Su única esperaza era hacer concesiones. Se aprobaron Constituciones liberales y el emperador de los Habsburgo, el Papa y los reyes de Francia y Prusia abandonaron sus capitales.
Simultáneamente, se produjo un resurgimiento del nacionalismo. El Imperio de los Habsburgo, con sus esferas de influencia en Italia y Alemania, parecia condenado. Hungría proclamó su independencia. Los bohemos organizaron un movimiento nacionalista y convocaron un Congreso cuyo objetivo era estudiar un nuevo estatuto para los eslavos dentro del Imperio. En Italia, Giuseppe Mazzini incitó al levantamiento para formar un Estado italiano. Al mismo tiempo, el rey Carlos Alberto de Piamonte envió un ejército a los lombardos para ayudarles a expulsar a los austríacos. Con ello esperaba formar un reino en el norte de Italia. En marzo se habían levanado barricadas en Berlín y en mayo un Parlamento convocado en Frankfurt intentó encontrar la manera de unificar Alemania. Estos movimientos mostraban hasta qué punto se sentia hostilidad por los acuerdos del Congreso de Viena y su ideologia represiva.


Pio IX, Sumo Pontifice


Pese a todo, hacia mediados de 1848 la marea revolucionaria se detuvo. Los primeros éxitos habian sido ilusorios. El Imperio de los Habsburgo siguió su política histórica -divide y gobierna-, aprovechándose de las disensiones entre los revolucionarios. Croatas y rumanos, reacios a la dominación magiar, se levantaron contra el nuevo lider húngaro, Luis Kossuth. En Italia las fuerzas de Carlos Alberto fueron aplastadas por los austríacos en dos campañas. Los católicos dudaron en desobedecer al Papa, que había prohibido toda violencia contra los católicos Habsburgo.
En Alemania, los intelectuales reunidos en la Asamblea Nacional Constituyente de Frankfurt se perdieron en largas discusiones y el movimiento democrático sólo obtuvo prudentes concesiones constitucionales. Donde las reivindicaciones fueron más enérgicas, el ejército prusiano se encargó de restablecer el orden. Las clases medias, cuyo papel había sido decisivo para la revolución, estaban horrorizadas por las fuerzas que había desatado, y al ver cómo la revolución degeneraba en anarquía, recibieron con los brazos abiertos el establecimiento de la ley y el orden. En 1849 el movimiento revolucinario había sido contenido.
Las fuerzas de la reacción parecian haber triunfado. Las masas desorganizadas no tenían nada que hacer frente a los ejércitos profesionales de Austria, Prusia, Rusia y Francia. La tradición de los Habsburgo de acuartelar el ejército en cada provincia con tropas de otras provincias, impidió que los soldados tomaran partido por los revolucionarios. Había pocas esperanzas porque la mayoría de la población (los campesinos) rechazaban la revolución.


Francisco I, emperador de Austria

No obstante, se produjeron algunas mejoras significativas. Se abolió la servidumbre en el Imperio de los Habsburgo, y Piamonte y Prusia mantuvieron sus Constituciones y consiguieron la unificación de Alemania y la de Italia en 1871. Los gobiernos otorgaron mayor importancia al proceso democrático.
Pero los nacionalistas habian aprendido que el idealismo y el entusiasmo populares no eran suficientes. Sus esperanzas sólo podrían verse satisfechas igualando la fuerza militar de sus oponentes. Las revoluciones de 1848 fueron seguidas por un período de cinismo y oportunismo en política y por la utilización sistemática de fuerzas armadas para silenciar las reivindicaciones obreras. La era de "sangre y hierro" de Bismarck había comenzado.


dilluns, 30 de novembre del 2009

LA FÁBRICA DE PORCELANA DE VIENA

Sopera de Meissen, con clara influencia de Viena

Todas las grandes naciones, en un momento o en otro, quisieron tener una fábrica propia de porcelana que reflejara el esplendor de sus reinos e imperios. Ostenta el honor de ser la primera fábrica de porcelana de Europa la de Meissen, en el Electorado de Sajonia (1706).
Austria no sería una excepción, y la Fábrica de Porcelana de Viena fue la segunda, después de la de Meissen, que consiguió hacer porcelana de pasta dura en Europa. Fue fundada en 1718 por Claude de Paquier, un funcionario del gobierno austriaco, aunque de origen holandés, contando con varios colaboradores procedentes de Meissen.
Los principios de la fábrica no fueron buenos y sus resultados económicos nefastos. Pero a pesar de estos inconvenientes Du Paquier siguió con la fábrica, en 1727 consiguió un préstamo del ayuntamiento de Viena que salvó a la empresa de la bancarrota y le permitió seguir en funcionamiento.
Las primeras piezas que salieron de esta fábrica estaban, en cuanto a la forma, claramente inspiradas en Meissen, si bien se les añadía un mayor relieve y la decoración de chinerías se distribuía de una forma más abigarrada. En esa decoración solían aparecer animales pintados en negro y oro, utilizándose este material como un color más.
Pronto, sin embargo, la producción de Viena comenzó a presentar características propias, destacando la originalidad de la decoración conocida como "flores de India", que consistía en unos motivos florales trazados de forma muy naturalista. Ahora sería Meissen la que imitase a Viena copiando este tipo de decoración. También fue un logro de Viena la decoración conocida como "Lau-und-Bandelwerk", consistente en unos motivos barrocos en oro y plata tomados de las decoraciones arquitectónicas de los palacios vieneses.
De todas formas, la fábrica se iba manteniendo gracias a la exportación (sobre todo a Rusia) de grandes servicios de mesa. No obstante los beneficios eran pocos y Du Paquier, en 1744, decidió venderla al estado austriaco, aunque él siguió de director hasta su fallecimiento en 1751. Así, a partir de ahora, las piezas que salían de la fábrica llevarían el escudo de Austria.
También a partir de 1749 la pasta se hace más blanca y de mejor calidad al utilizar una arcilla húngara en vez del clásico caolín de Passau.
La crisis en la fábrica continuaba y por ello se intentó, sin éxito, volver a privatizarla. Por ello, en 1778 Austria nombró director de la misma a Konrad von Sorgenthal, un hombre de negocios sin ninguna noción del arte de la porcelana, pero que logró transformar la vieja fábrica en un próspero negocio.
Durante el período de Soregenthal (178-1804), Viena, adelantándose a la famosa Sèvres francesa, abandonó el estilo rococó por el neoclasicismo, de formas mucho más sencillas. También el químico Joseph Leithener logró crear en 1791 un azul cobalto muy oscuro que, a diferencia del de Sèvres, no hacía aguas. Inventó, igualmente, un tono amarillo anaranjado y el procedimiento para laminar en oro las piezas. Así, pues, la gran diferencia de Viena con otras fábricas europeas fue que los colores eran muy fuertes en comparación con las tonalidades pálidas que se empleaban en el resto de Europa.

Jarrón de flores de cerámica de Meissen

En 1804 se nombra director de la fábrica a Mathias Nierdermayer, el cual introdujo algunas innovaciones, como la decoración de piezas en sepia o la utilización de fondos marrones rojizos. Viena también fue, en esa época, la primera fábrica europea que realizó piezas enteras doradas.
En este momento la decoración recibía la influencia del reino de Nápoles, desarrollando un estilo topográfico que, a diferencia del napolitano, se hacía aquí con fondos amarillos.
Pero a pesar de todas estas innovaciones y novedades, tras Sorgenthal, la Fábrica de Porcelana de Viena había vuelto a entrar en pérdidas. A partir de 1827 la situación económica se hizo insostenible y, aunque para intentar salvarla se volvieron a repetir los modelos de más éxito, al tiempo que en otras piezas se copiaba claramente a Sèvres, en 1864 la factoría tuvo que cerrar definitivamente sus puertas.
El excedente de piezas sin decorar fue liquidado y pintado en talleres caseros, conocidos como "hausmaler".

Entrada al recinto de Palacios Imperiales del Hofburg, en Viena, en cuya decoración se inspiró parte de la cerámica vienesa.


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diumenge, 1 de novembre del 2009

LOS ANTECEDENTES DE LA UNIFICACIÓN ITALIANA

De los grandes países europeos, Italia fue, junto con Alemania, el último que llevó a cabo su unificación política, entre 1859 y 1870. El movimiento que sirvió a estos fines fue denominado "Risorgimento", por analogía con el Renacimiento artístico y cultural del siglo XVI.
A partir de la Alta Edad Media, Italia padeció una serie de dominaciones extranjeras; estuvo bajo la hegemonía del Imperio germánico, de Francia, de la corona catalano-aragonesa, de la monarquía hispana y de Austria.
La Revolución francesa y, más tarde, la incorporación de la península italiana a la Francia jacobina y napoleónica (1799-1815), prepararon el terreno para la unificación. La situación dio a Italia un nuevo orden social y jurídico, derivado de los principios de 1789, que favoreció el control de los asuntos públicos y de la actividad económica por parte de la burguesia liberal, imbuida de la mentalidad de la ilustración. Las masas campesinas siguieron careciendo de conciencia política durante mucho tiempo, pero los habitantes de las ciudades y los viejos militares que habían vivido la epopeya imperial empezaron a aspirar a una comunidad nacional basada en el modelo galo.
El derrumbamiento de la Europa napoleónica pareció poner fin a esa primera experiencia, y, en 1815 (a consecuencia del Congreso de Viena), los antiguos soberanos volvieron a ocupar sus tronos. Triunfaba la reacción y, como afirmaba el principe Metternich (canciller de Austria), la palabra "Italia" no era más que una simple "expresión geográfica", desprovista de cualquier connotación nacional.


Entrada de las tropas francesas en Nápoles el 21 de enero de 1799

Tras la fachada retrógada de la Restauración actuaban diversas fuerzas renovadoras. El mapa político de la península italiana permaneció invariable de 1815 a 1859. Comprendía varios estados independientes, pero muy alineados en el "Sistema Metternich": los Estados Pontificios y los reinos de Cerdeña-Piamonte y Dos Sicilias (Napoles), y más tarde los estados austríacos, posesiones directas de los Habsburgo, como el Reino Lombardo-Véneto o las monarquías satélites del gran ducado de Toscana y los ducados de Parma y Módena.
La primera generación de "patriotas" se reunían en sociedades secretas cuyo ritual y cuyos ideales derivaban de la francmasonería: los guelfi, los federati, los adelfi y, sobre todo, los carbonari, cuyos miembros se agrupaban en secciones llamadas "ventas".
En un clima de exaltación romántica, los adeptos de las sectas soñaban con derrotar al absolutismo encarnado por Austria y crear un estado nacional y democrático, heredero de la Revolución francesa.


María Luisa de Austria, duquesa de Parma

Los nacionalista italianos no poseían una organización coordinada y eficaz. Estrechamente vigilados por la policía, se veían condenados a actuar a través de conspiraciones y sediciones militares que pronto eran sofocadas y encontraban poco eco en el pueblo. Las primeras insurrecciones estallaron en 1817 y 1818 en los Estados Pontificios; la revolución española desencadenó el movimiento de los "ventuno" y así, en Nápoles, el general Guglielmo Pepe obligó al soberano a adoptar la constitución española, pero Fernando I pidió ayuda a Austria y ésta aplastó, en marzo, a los insurrectos, tras el congreso de Laybach. La agitación se extendió al Piamonte, con el acuerdo del heredero al trono, Carlos Alberto de Saboya-Carignano, Victor Manuel I abdicó, pero Carlos Alberto I abandonó la causa liberal y se exilió en Toscana; mientras, el nuevo rey, Carlos Félix I, restauraba el absolutismo con la ayuda de Metternich.
El reino Lombado-Véneto y los ducados eran desde antiguo tierra propicia a las conspiraciones. Maroncelli, Confalonieri, Adryane, Arese y Silvio Pellico, entre otros, fueron encarcelados en las fortalezas austríacas; el libro de Pellico "Le mie prigioni" de 1832, que refería la cautividad del autor en Spielberg, sensibilizó a la Europa liberal en favor de la causa del Risorgimento.


Situación del reino Lombardo-Véneto en la peninsula italiana

La revolución francesa de julio de 1830 suscitó en febrero de 1831 una nueva llamarada de revueltas en la Romaña pontificia y en los ducados de Parma y Módena. Pero la Francia de Luis Felipe, cuyo apoyo esperaban los patriotas, proclamó la no intervención. Los movimientos fueron yugulados por los austríacos que ocuparon Bolonia, mientras los franceses establecieron una guarnición en Ancona para proteger los Estados Pontificios.
A las revoluciones de 1821 y 131 siguieron los éxodos de patriotas proscritos, que partieron rumbo a Francia, Suiza, Bélgica o Gran Bretaña y se persuadieron así de que la regeneración de Italia no podría lograrse a base de conspiraciones aisladas, sino por la adhesión general de todos los estamentos sociales en torno a un proyecto común.

dimecres, 9 de setembre del 2009

RUSIA, EL IMPERIO DE LOS ZARES

El inmenso imperio que habían forjado los zares se extendía a lo largo de miles de kilómetros, desde el centro de Europa hasta el océano Pacífico. Su parte "asiática", Siberia, era casi un desierto despoblado, alejado de las grandes vías de circulación mundiales. La parte restante, es decir, Rusia, sin duda era europea, pero vivía al margen de Europas. Y este imperio tuvo una historia muy particular.
En el momento en que los grandes estados europeos entraron en la vía del capitalismo, caracterizado por un rápido desarrollo industrial, y sus pueblos, liberados de las ataduras feudales, accedieron a la vida política, Rusia seguía siendo un estado absolutista. A comienzos del siglo XIX, en el imperio ruso la voluntad del zar era ley, el pueblo vivía aún en la servidumbre y el lento desarrollo económico, fundado en la actividad agrícola y artesanal salvo la metarlúrgia en los Urales, sólo dejaba aparecer las formas más elementales de un tímido precapitalismo.

Esc udo menor de la Rusia zarista

Pero este retraso en el desarrollo, en comparación con los demás grandes estados europeos, no implicaba debilidad política. El poder zarista se hallabga sólidamente sentado sobre la aristocracia y un poderoso ejército, que desde varios puntos de vista (el reclutameinto, la táctica, etc) estaba más avanzado que los ejércitos de Occidente, en cuyo modelo se habia inspirado originariamente el zar Pedro el Grande. Las tropas rusas había participado en las guerras europeas: habían ocupado Berlín duante la guerra de los Siete Años (1760), habían luchado en Suiza y Lombardía durante las guerras de la Revolución (1799), habían expulsado a las tropas napoleónicas de Moscú en llamas (1812) y habían acampado en París (1814). Gracias a su flota de guerra, Rusia se había convertido también en una potencia marítima capaz de participar victoriosamente en opraciones navales en el Mediterráneo (1799) y de intervenir en el Pacífico (1803-1806). La guerra de liberación de 1812 (contra Napoleón I) y las consecuencias de la victoria confirmaron el poderío ruso y convirtieron al zar, dentro de la Santa Alianza (de la que ya hemos hablado en otras ocasiones), en una especie de árbitro de Europa. La mentalidad política del poder y, en cierto modo, la del pueblo estuvieron marcadas por estas circunstancias durante la primera mitad del siglo XIX, al alimentar el orgullo nacional y un cierto sentimiento de superioridad eslava sobre un Occidente en decadencia.

Máxima extensión territorial del imperio ruso

Estas hazañas militares estaban ligadas a las conquistas de finales del siglo XVIII: por una parte, el afianzamiento del poderío ruso en las orillas del Mar Negro (tratado de Kutchuk-Kainardja, de 1774), que condicionaría de cara al futuro la expansión del Imperio en dirección al Mediterráneo y, sobre todo, al rápido desarrollo de la Rusia meridional; por otra, la ocupación de una gran parte de Polonia (repartos de 1793 y 1795), sometida contra su voluntad al destino del Imperio ruso. Los polacos se subevaron dos veces contra sus opresores rusos (1830-1831 y en 1836); por contra, mediante la colaboración forzosa de una parte de la élite del país contribuyeron notablemente al desarrollo económico de Siberia a partir de 1863.
Las guerras napoleónicas reforzaron la autoridad de la aristocracia militar frente al poder. Aunque una parte minoritaria de la nobleza había recibido el influjo de la ilustración y los principios de las revoluciones francesa y americana, la aristocracia en general había sufrido el autoritarimso de Pedro I. Su sucesor, Alejandro I (1801-1825), contrariado en sus ambiciones por el tratado de Tilsitt (1807) y enfrentado a una sorda oposición a su política de alianza con Francia, trató de recuperar el favor de la opinión mediante algunas medidas de perfeccionamiento de las instituciones administrativas: plan de reforma del estado elaborado por un funcionario del ministerio del interior, Speranski, en 1808-1809. eran veleidades de liberalismo, conformes sn duda con los sueños de un soberano de personalidad contradictoria, pero no tuvieron continuidad. Los acontecimientos de 1811-1812, la "guerra patriótica" contra los franceses, darían otra orientación a la política imperial.

Alejandro I, zar de Rusia

La victoria de Alejandro sobre Napoleón, al consolidar el poder zarista, inauguró un largo período de inmovilismo, al menos aparente. A Rusia se le planteaban problemas derivados de su retraso, principalmente en las relaciones entre el soberano y el pueblo, y más concretamente entre el estado y una sociedad dividida en órdenes; la servidumbre era cada vez más discutida, pero más desde el punto de vista de su eficacia económica que desde un enfoque moral. todo ello requeria una solución y genral, solución admitida medio siglo más tarde, en 1861, cuando el poder se vio debilitado por las derrotas de la guerra de Crimea y obligado a hacer concesiones.
A partir de 1812, el reinado de Alejandro I se caracterizó por los disturbios campesinos, cuyo aumento despertaba el recuerdo del levantamiento de Pugacëv (1774), que había hecho tambalear el trono de Catalina II la grande; no obstante, carecia de fuerza frente a un régimen inflexible, dirigido férreamente por Arakceev. En cuanto a las conspiraciones fomentadas por una minoría de nobles agrupados en dos asociaciones clandestinas, la Sociedad del Norte y la Sociedad de Sur, los objetivos de oposición al poder dividían a los conjurados, puesto que unos reivindicaban la emancipación social y la supresión de la servidumbre, hy los otros, simplemente la libertad política, garantizada por una constitución. La inesperada muerte de Alejandro desencadenó el levantamiento militar llamado de los decembristaqs o decabristas (1825), sin base popular, que fue duramente reprimido por el sucesor de Alejandro I, Nicolás I.


Cuadro que escenifica la retirada de Moscú por Napoleón I

diumenge, 30 d’agost del 2009

EL FIN DE UNA ÉPOCA



El veterano de la I Guerra Mundial Henry Allingham

Durante el pasado mes de julio, tal y como publicó La Vanguardia, la noticia de la muerte de dos antiguos combatientes de la I Guerra Mundial, ambos británicos, vuelven a cerrar una parte de la historia del siglo XX, ya que quedan supervivientes de esa contienda.
A petición de Xavier P.E., quiero dejar constancia en este blog de este acontecimiento y acercarnos un poco a la vida de estas dos personas (la noticia completa aparece publicada en La Vanguardia del 19 y del 26 de julio).
Henry Allingham (1896-2009), falleció el 18 de julio de 2009, además de ser un antiguo combatiente británico en la I Gran Guerra ostentó el titulo del hombre más viejo del mundo a sus 113 años. Nació el 6 de junio de 1896, a finales del siglo XIX y con tan sólo 15 años (algo habitual en esa época entre las clases no privilegiadas), empezó a trabajar en una fábrica de Londres. Con el estallido de la Guerra Mundial, se dedicó a la reparación de camiones militares. Poco tiempo después, y tras morir su madre se alistó en el ejército con 19 años, quedando fascinado, desde el primer momento, por el mundo (relativamente nuevo) de los aviones. Pronto entró al servicio de la Royal Air Force (la RAF). Hay que tener en cuenta que ser piloto de avión en esos primeros tiempos de la aviación era una tarea de alto riesgo, ya que los aparatos eran muy rudimentarios y con muy escaso margen de maniobra.
Durante la II Guerra Mundial participó en varios proyectos en la defensa de Gran Bretaña, aunque no en el frente por su edad, siendo los más importantes los de neutralización de las minas alemanas.
Finalizada la guerra y sobre todo en los últimos años de su larga vida, se dedicó a concienciar a los más jóvenes sobre el significado de la guerra y a mostrar respeto por los soldados, y a recordar al mundo entero los millones de ellos que murieron durante la contienda.
Significativa fue una de las frases de Allingham pronunciadas pocos días antes de su fallecimiento: "Es el fin de una era, de una generación especial y única...", ya que veía como iban muriendo todos los veteranos de guerra de los distintos países: franceses, norteamericanos, austro-húngaros....



Harry Pach, soldado raso británico


Pocos días después del fallecimiento de Allingham, aparecía la noticia de la muerte de otro veterano de la I Guerra Mundial, la de Harry Pach ( 1898-2009), también británico. Fallecia a los 111 años de edad el 25 de julio de 2009. Pach nació el 17 de junio de 1898 y, al igual que Allingham, también dejo la escuela a los 15 años y empezó a trabajar como aprendiz de fontanero. A los 18 años fue llamado a filas e ingresó en la Infantería Ligera del Duque de Cornualles, marchando al campo de batalle en mayo de 1917. Combatió en la batalla de Passchen Daele, en Ypres (Bégica), donde hubo un gran número de bajas entre las fuerzas británicas. El 22 de septiembre de 1917 fue herido por un proyectil alemán y aquí acabó su aventura bélica, ya que no llego a incorporarse de nuevo al ejército, pasando el resto de la guerra en un hospital de la isla de Whigh (en 1918 finalizaba la I Guerra Mundial con la derrota de los imperios centrales). No llegó a participar en la II Guerra Mundial debido a su edad, aunque si fue voluntario civil, ayudando a sofocar los incendios que los bombardeos alemanes causaban en Londres.
Ambos soldados recibieron honores en sus funerales e incluso, en el entierro de Pach, acudió la reina Isabel II.

dijous, 9 de juliol del 2009

ALEMANIA Y KAKANIA TRAS EL CONGRESO DE VIENA DE 1814-1815


Escudo del Imperio Austro-Húngaro


Una de las consecuencias directas de las decisiones del citado congreso y que seria decisivo para una futura Alemania fue el hecho de que Prusia perdiera sus anteriores posesiones polacas y ganase unos territorios que actualmente son la Renania del Norte y Westfalia. De este modo Prusia se germanizó y se abrió a Occidente, más tarde lograría lo que en un futuro sería el área industrial alemana y logro conectar Alemania occidental y Alemania oriental.
También, tal y como se ha dicho en otros posts, la Confederación Alemana fue la sucesora del Sacro Imperio Romano-Germánico y fue fundada en la ciudad alemana de Francfort, ya que era en esta ciudad donde se elegían a los monarcas alemanes en la antigüedad. Esta Confederación estaba formada por treinta y nueve estados independientes, algunos de los cuales, como Baviera, Baden y Württemberg, se correspondían ya prácticamente con los estados federales de la actualidad, aunque la Baja Sajonia actual se llamaba Principado de Hannover, la Renania del Norte/Westfalia era prusiana y Essen estaba dividido en el Principado de Essen y el Gran Ducado de Essen. También estaban en dicha Confederación el Principado de Waldeck y el Ducado de Brunswick, ambos estados independientes. Los territorios austriacos, incluida la actual República Checa (Bohemia), también pertenecían a la Confederación Alemana. Pero tanto Prusia como Austria poseían inmensos territorios situados fuera de la Confederación Germánica. Prusia tenía en su poder Prusia occidental y Prusia oriental, así como la provincia polaca de Posen. Austria, por su parte, no hacía honor a su nombre ("Österreich": Imperio Oriental), pues al inicio de la época del nacionalismo y la democracia, era propiamente un ente imposible: se la llamaba indistintamente Austria-Hungría, La Monarquía de los Habsburgo, la Doble monarquía, la Monarquía del Danubio, o, como la llama Musil en su novela "El hombre sin cualidades", KAKANIA (de "K y K": Kaiserlich-Königlich, o lo que es lo mismo: imperial-real). Además de los territorios alemanes y bohemios/Checos, Austria poseía lo que hoy en día es Hungría, Eslovaquia, el sur de Polonia, Eslovenia, Croacia, el noroeste de Rumania (Transilvania), Bukovina, el sur de Tirol y luego también Bosnia.
Austria dio la independencia a Bélgica, la cual se uniría a Holanda (con el fin de crear un estado más fuerte ante una eventual agresión francesa), aunque ambas naciones finalmente se enemistarían entre ellas y Bélgica volvería a independizarse en 1830. Las otras potencias europeas garantizaron la neutralidad belga, aunque sería violada por el imperio alemán en la I Guerra Mundial.


Bandera de Austria-Hungría

No hay que olvidar que para Austria-Hungría los movimientos nacionalistas, incluidos los de los estados alemanes, eran puro veneno porque amenazaban su propia existencia. Por ese motivo hasta el año 1848, año en que se produjeron las revoluciones del 48, el astuto Canciller austríaco Metternich se dedicó de lleno a ahogar todos los movimientos nacionalistas y democráticos que se produjeron en el seno de la Confederación Germánica. Debemos recordar, por los anteriores posts, que Alemania sólo podía alcanzar su unidad nacional incorporando a Austria o echándola. Conviene recordar que a estas dos soluciones se las llamó, respectivamente, "gran Alemania", a la posición de Austria de crear un gran estado alemán que incluyera a todos los estados alemanes y a Austria y a su imperio, y "pequeña Alemania", tesis defendida por Prusia que excluía a Austria de Alemania.

La Santa Alianza (creada por las potencias vencedoras tras derrotar al emperador Napoleón I), y con especial hincapié Austria, seguía obstaculizando la unidad nacional de Alemania, y de esta manera el nacionalismo alemán fue adquiriendo, de forma paulatina, un talante frustrado, lleno de resentimiento y malicioso. Tras el fracaso de la revolución liberal de 1848, en la que nacionalismo y democracia todavía se fortalecían mutuamente, quedó preparado el terreno para la separación del nacionalismo alemán de la tradición democrática. Tengamos presente que esta separación ocurrió tan sólo en Alemania, ya que para los ingleses y los franceses, el Estado nacional y la democracia serán una misma cosa, y su propio nacionalismo creará las bases para desarrollar su democracia.

dissabte, 20 de juny del 2009

"LA CUESTIÓN DE ORIENTE" EN EL SIGLO XIX.

Sin duda alguna la denominada "Cuestión de Oriente", es una de las más conflictivas en la política europea del siglo XIX, cuestión provocada por el renacimiento de los movimientos nacionalistas y, de forma especial, en los Balcanes. Todo este fenómeno fue propiciado por el gradual debilitamiento del antaño poderoso imperio otomano, por las nada disimuladas ambiciones imperialistas de Rusia, la cual, a la vez que favorecía el movimiento paneslavista en la Europa Central, reprimía ferozmente el movimiento patriótico polaco, y por la orientación más marcada de la política del imperio austríaco hacía el este de Europa a medida que el Sacro Imperio escapaba a su tutela. No hay que olvidar la sempiterna aspiración de los húngaros a su emancipación y su pretención de dominar sobre las otras etnias de su territorio histórico, ni se nos pueden escapar los intereses diplomáticos de Francia y Gran Bretaña, a menudo antagónicos, para ver claramente lo complicado de la situación


El imperio otomano y los nuevos estados surgidos de su disgregación

De entre todas las nacionalidades integradas en el imperio otomano, los serbios (bajo la dominación otomana desde 1389) fueron los primeros en levantarse contra la Sublime Puerta , la cual respondió con una implacable represión que conllevó a una revuelta generalizada al mando de Karagiorje en 1804, el cual contó con el apoyo ruso. Esta rebelión no fue sofocada hasta 1813, aunque renació con más ímpetu bajo la conducción de Milos Obrenovic, el cual consiguió el inesperado apoyo de Austria. Obrenovic logró arrebatar al sultán una amplia autonomía para Serbia así como la participación en la administración de justicia, el mantenimiento de una milicia y la convocatoria de una Asamblea Nacional, aunque Serbia seguía siendo una provincia otomana.

Rusia y Gran Bretaña apoyaron la insurrección helénica, más tardía que la Serbia, pero mucho más radical e inspirada en la revolución francesa, logro ser un modelo para el romanticismo europeo. El imperio otomano aún era poseedor de un importante poderío militar y así lo demostró contra los griegos, siendo necesaria la victoria naval anglofrancesa en Navarino y estando el ejercito ruso a las puertas de Istambul para lograr convencer al Sultán de otorgar y reconocer la autonomía griega en 1829.

Esta victoria helénica tuvo una repercusión inmediata en Rumanía, donde los principados de Valaquia y Moldavia obtuvieron simultáneamente la autonomía, mientras que el ejemplo de los serbios hizo aumentar la efervescencia patriótica entre los montenegrinos y los búlgaros; Montenegro fue conquistado por los turcos en 1499, pero una gran parte de sus inaccesibles montañas nunca fue sometida y desde allí los rebeldes montenegrinos atacaban las ciudades dominadas por los turcos. Desde este momento, los días de la dominación otomana en los Balcanes estaban contados.


Creación de los nuevos estados en los Balcanes: Grecia, Serbia, Montenegro, Rumania, Bulgaria y Albania

Este renacimiento de las nacionalidades no sacudió solamente al imperio otomano. El imperio de los Habsburgo hubiera podido muy bien, alejándose de sus intereses en Alemania, crear las bases de una federación multinacional danubiana, embrión de un imperio renovado: pero el conservadurismo de Metternich (como hemos visto en anteriores posts) malogró esta oportunidad histórica. Los checos (Bohemia) iniciaron su resurgimiento nacional; las minorías rumanas de Transilvania comenzaron a agitarse; los italianos de Milán y de Venecia no se resignaron a la dominación germánica de Austria, lo mismo que los polacos de Galitzia; también los croatas y los eslovenos empezaron a soñar con un estado eslavo independiente y en una posible unión con los serbios, a pesar de sus diferencias de religión y cultura.
En el seno de este movimiento centrifugo, el creciente nacionalismo húngaro tuvo efectos contradictorios. Los magiares querían también acabar con la germanización, pero sin renunciar a dominar las etnias vecinas. Éstas veían en ellos, por ser los más próximos, a sus más peligrosos enemigos. Esto explica que las tropas croatas combatieran al lado de los austríacos contra la revolución húngara de 1849, y también que la transformación del viejo imperio en la monarquía dual de Austria-Hungría, ocurrida tardíamente en 1867, no pudiera impedir que se precipitara la disgregación del imperio de los Habsburgo.


Europa en el año 1850


Rusia vio en los movimientos nacionalista un instrumento para sus propias ambiciones sobre la Sublime Puerta la posibilidad de conseguir el acceso de su armada a aguas libres de hielo todo el año. Mientras tanto, Austria, empujada por Prusia fuera de Alemania desde 1815, desarrolló un renovado papel en los Balcanes. Debido a su desconfianza del nacionalismo de los eslavos balcánicos, se convirtió en protectora del imperio otomano. Como respuesta, Rusia aumentó su apoyo a los enemigos de Austria y de los otomanos. Estos, a su vez, gozaban de la protección del principal enemigo de Rusia, Gran Bretaña, a la cual se sumó Francia a principios de 1850.
Después de una disputa sobre los Santos Lugares de Palestina, el 21 de junio de 1853 Rusia ocupó los principados de Valaquia y de Moldavia como "garantía material" de concesiones a sus "justas exigencias" en Palestina. El 4 de octubre de ese mismo año el imperio otomano declaró la guerra a Rusia, como lo hicieron más tarde Gran Bretaña y Francia, que creyeron que la integridad del imperio otomano estaba en juego. Austria permaneció neutral, perjudicando de ese modo a Rusia. Las fuerza rusas sufrieron un gran desgaste en Crimea hasta la muerte del zar Nicolás I en febrero de 1855 y su sucesor, Alejandro II, negoció la paz.
El resultado de esta guerra de Crimea frenó las ambiciones de Rusia sobre los Balcanes y puso fin al dominio ruso en el sudeste europeo. El tratado de París de 1856 abrió el Danubio a la navegación internacional y aseguró la neutralidad del Mar Negro. La integridad territorial del imperio otomano y su independencia quedaron garantizadas, asi como las libertades serbias. La elección del boyardo moldavo Alejandro Juan Cuza (1820-1873) en 1859 como principe de Moldavia y de Valaquia preparó la unificación de ambos principados en Rumania, cuya independencia formal fue alcanzada en 1878. Sin embargo, el imperio otomano continuó su decadencia hasta 1914.


Abdülmecit I, sultán otomano de 1839 a 1861